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Al doblar la esquina detuvo sus pasos, un frio escalofriante le abrazó la espalda, no reconocía la ciudad, por primera vez se dio cuenta que la calle era desconocida y no tenía ningún interés en presentarse.

Por un momento, sólo por un momento se sintió desorientado, asustado y perdido, luego gradualmente empezó a experimentar una ráfaga de fresca e irresponsable libertad…descubrió la bella anarquía del pensamiento.

No recordaba si antes había recibido tanta paz. Observó  nuevamente la calle y vio aparecer  a un grupo de minutos que le sonreían, ellos le invitaban a acercarse.

Nunca más volvió a preguntarse: “¿A dónde van los minutos que se pierden?”. Ya no era necesario, él no estaba perdido, por primera vez él había encontrado su lugar.

J-Ale.

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